El Derby de White Bay

White Bay. Foto: Salva Maroto

White Bay (New Bay) ganó el Derby 2021. Ya es una realidad. Un caballo castrado, un entrenador novel, una cuadra recién creada, un jockey modesto, un… ¿Y que más da? Hablamos de Turf. Y en España. Sólo aquí somos tan chulos de tener un Derby casi por la noche, con música dicotequera en la Tribuna. Y disfrutarlo. ¿Por qué no? A pesar de todo, seguimos enganchados a la pista esperando y disfrutando de los caballos. Eso no nos lo quita nadie. Como a White Bay su Derby. 

10.000 guineas  tuvieron la culpa para que ese lote 1266 del día 29 de octubre en la subasta de Tattersalls se haya convertido meses después en el ganador de la carrera clásica más importante de nuestro Turf. ¿Le resto mérito? Ni uno. Es más celebro que un preparador de estirpe, como Román Martín Arranz haya ganado su primer Gran Premio; que un jockey enrachado y currante que responde al nombre de Raúl Ramos ponga un broche a su trayectoria reciente plagada de éxitos; o que una cuadra (entorno) que destila afición se hayan llevado el alegrón de sus vidas en el primer sábado del mes de junio. Todo ello no puede ser más que motivo de alegría para los aficionados habituales. Yo soy uno de ellos. El equipo de White Bay tiene mérito a raudales  y ha aprovechado al máximo su opción de triunfo. Ha sacado partido de todas sus cartas. O del cubo de Rubbick, como definió su preparador la cabeza del potro cuando llegó a España. Ese cubo que ha ordenado Román Martín, con la ayuda de su mujer Lucía Gelabert, cada mañana en los entrenamientos, y que ha presentado la cara ganadora en el día señalado.

Antes de la carrera, el favoritismo en taquillas de tres caballos Danko (Australia), Dayshann (Golden Horn) y Sincelejo (Adlerflug) parecía adivinar una lucha entre los dos dominadores en España y la compra para la ocasión de Maldonado con sangre Aga Khan por los cuatro costados. Buscar un ganador que no fuera cualquiera de esos tres parecía complicado. El paddock dejaba entrever que la sorpresa podía venir por parte de Mexico City (No Nay Never), que olvidó sudores y nervios de antaño para lucir un aspecto de ‘ya ganó’ que llevó a algunos a taquillas con el de Guillermo Arizkorreta. Y más cuando poco antes habían visto en el Oaks (menudo sacrilegio correrlo antes del Derby) a una yegua como Maracay (Ruler of the World) poder con la distancia y adjudicarse la Clásica de las yeguas de tres años. 

Pocos pensaban en el paddock que la mayor conexión entre Maracay y el Derby era White Bay. Alfonso Núñez fue uno de los culpables, sino el que más de que el hijo de New Bay estuviera en España. De hecho aterrizó los primeros meses en su cuadra y su debut en la fibra madrileña en diciembre fue bajo su preparación. Una carrera que no hacia presagiar que un caballo castrado a dos años, cuyo mayor mérito fue un cercano tercero de Dos de Mayo en Nantes, iba a ser el ganador del Derby poco después de cumplir los tres años. Y sí. Es Turf. Es algo imprevisible. Es el deporte donde el ‘pobre’ también gana. Pocas veces. Sí. Pero puede hacerlo más que en ningún otra contienda deportiva. El dinero facilita las cosas, pero el trabajo las otorga.

White Bay no estaba reluciente en el paddock. Ni mucho menos. Tampoco rompió a sudar ni tenía mal aspecto, pero no destacaba. Que en su victoria en el primer handicap para los tres años hubiera hecho mejor tiempo que en el Velayos o que hubiera ganado a otro rival del Derby dándole nueve kilos, no le situaban en ningún pronóstico. Su mal Cimera en su única aparición en ‘la mesa de los grandes’, le lastraba. Que había mucha ilusión era obvio. Sus responsables iban a disfrutar pasara lo que pasara, porque eran sólo ellos los que la tenían. Despues, eso sí, nos apuntamos todos. Que también vale.

White Bay planteó una carrera sin renunciar a nada. Y eso a veces sale. La veo repetida y no me extraña que en una largada, en la que sólo Danko cedió unos metros, el  salto de cajones de White Bay fuera tranquilo, más si cabe al ver que a su lado Topa (Vadamos) salió solicitado para llevar la carrera a un ritmo digamos que selectivo (un segundo menos que el Oaks) y en el que se tratara de correr de verdad. Que White Bay salía con aspiraciones se nota en la primera curva donde Raúl Ramos le pide un esfuerzo para no ceder ni un solo metro y pasar antepenúltimo pegado a la cuerda por delante de Kauri Cliffs (Gleneagles) y Mexico City, que fueron los otros dos que se alejaron del pelotón en el primer paso por meta. Unos cuerpos que, por ese recorte, no fueron a más en la recta de enfrente . Allí White Bay ya no iba descolgado y a la estela de Hades (Australia), pero sin precipitarse y ajeno a los movimientos a la entrada de la recta, Raúl Ramos le sacó por el exterior de la pista para que llegara donde tuviera que hacerlo. Y así fue. La gloria de ganar un Derby le esperaba en la meta. Fue el primero en alcanzarla. Y lo hizo de forma elegante, porque su remate sobre todo en los primeros metros de la recta, se llevó todas las miradas que hasta ese momento se habían centrado en Danko.

¡¡¡¡Ayyy, Peslier!!!! Con lo bueno que eres, que monta nos has regalado con el hijo de Australia. Te duermes en los cajones, regalas metros en la primera curva, te precipitas antes del paso en la recta de enfrente, retienes al caballo antes de la última curva y pegas un tirón temprano en la recta y aún así tienes motor para acabar segundo y al menos rechazar el ataque de Mexico City. ¿Qué hubiera sido ganador con un recorrido más favorable? Entren a debatirlo. Mi opinión es que sí. ¿Qué eso resta mérito al que pone su nombre en el historial? Desde luego que no. No sé lo que le queda a Danko por delante. Me temo que ya son carreras muy duras las que acumula en su cuerpo, pero es el caballo nacional más regular del 2018 de eso no me cabe duda. Y que merecería un Gran Premio en su edad Clásica no lo dudo. ¿Que lo tendrá? Lo espero.

Tercero en meta fue Mexico City. Este proyecto de O’Brien no estaba llamado a esta batalla. Por eso Janacek y Arizkorreta, habituales de focos mediáticos, optaron por la misma táctica de no ir tanto en carrera. Alejados de problemas, el checo esperó en el recorrido y en la recta. Atacó por dentro en el momento en que Kaspar (Pedro The Great) le dejó vía libre y, apoyado en los palos, le sacó la distancia que parecía no tener al hijo de No Nay Never . Un bronce con sabor a más y caballo para Lasarte y quién sabe si para bañarse de oro.

¿Decepciones? No creo que a nadie se le escape. Se escribe con D de Dayshann. Comprado para la ocasión no tuvo ni un solo destello. Habrá que esperar para juicios definitivos, pero no parece buen negocio la compra express de este ex Aga Khan. Y es que ver esto como negocio es lo que tiene. Cada uno es libre pero es mejor sentirlo como lo han hecho los propietarios de la Yeguada Valmodomus. Han disfrutado de la gloria y la incertidumbre del turf ni más ni menos que con un Derby. No hay mejor forma de sentir este negociado, que no negocio. Enhorabuena.