Elegir al mejor o lo mejor

Tazones (Caradak) batiendo a Dom Alvaro (Anodin) en el Nacional. Foto: Hipódromo de la Zarzuela

Uno de los debates más recurrentes en el mundo del Turf gira entorno a la elección de las montas más apropiadas para cada caballo. Difícil poner de acuerdo a los especialistas y, casi siempre, una vez vistos los resultados cada uno aún conserva argumentos para poder seguir defendiendo lo que pensaba de antemano. Recuerdo sin ir más lejos la polémica sobre Noozoh Canarias (Caradak) y la monta de Soumillon en el Lagardere. Muchos pensaron, y me encontraba entre ellos, que el belga no estuvo fino y nos atrevimos a defender la teoría sobre que no es mejor el mejor jockey sino el que mejor entiende al caballo. Para otros era una barbaridad comparar a Soumillon con José Luis Martínez y ponían al pie de los caballos aquella teoría.

La historia de las carreras de caballos está llena de ejemplos similares. Incluso recuerdo una entrevista hace unos años al propio José Luis Martínez, en la que se sinceraba acerca de su victoria con Plantagenet (Trade Fair) en Dubai. Contaba el mejor jockey español de todos los tiempos que, paseando antes de la carrera con el propietario del caballo Roberto Whyte, le preguntaba el porqué entre todos los jockeys que había en el mitin de Dubai le había traído a él, cuando ni siquiera era el jockey habitual del caballo en España y podía elegir a quién quisiera. Incluso el mismo preparador del caballo no contaba con Martínez para montar en ese mismo mitin a Ariete Arrollador (Kingsalsa) (lo hizo Shane Foley). Ese hecho implicaba dos cosas. Por un lado, la habitual conservadora postura del preparador y en si la pregunta significaba que ni siquiera los jockeys tienen muy claro que es lo más adecuado. Ya saben como terminó aquella historia. José Luis Martínez pudo presumir de ser el primer español en ganar con un caballo criado y nacido en nuestro país una carrera en Dubai ante los mejores jockeys del mundo. Y su historia y la del propio Plantagenet es ahora un ejemplo de superación. ¿Pero y si en aquel momento el propietario hubiera decidido que a su caballo lo montara uno de los mejores jockeys del mundo siguiendo incluso la pregunta que le planteó el propio Martínez? La historia hubiera sido otra. No se sabrá nunca, pero lo que está claro es que esa confianza de un propietario en un jockey impulso un triunfo que aún se recuerda como ejemplo de superación y una de las mejores páginas escritas por protagonistas de nuestro Turf.

Este artículo no pretende tampoco contestar la pregunta formulada al principio. Entre otras cosas porque cada uno seguirá teniendo su opinión cuando acabe de leerlo, pero si es importante sacar la cara por los jockeys sea cual sea su nivel de confianza, que al final es lo más determinante. Martínez no ganó aquella carrera por ser el mejor, sino porque confiaron en él como si lo fuera.

La de jockey es una profesión donde se pierde más que se gana, donde para ejercerla tienes que pasar muchos sacrificios, donde te juegas la vida en cada carrera, donde no sólo dependes de tí sino de un animal que pesa más de diez veces tu peso y en donde además, en España, te juzgan (juzgamos) con ligereza y con los argumentos que vemos desde la grada y que no son ni un 20% de los que conocen los protagonistas. Porque en España hay muy poca industria y es un mundo tan pequeño que hay mucho miedo a perder lo que se tiene y a abrir cualquier ventana. En nuestro turf parece que cualquier crítica siempre es inapropiada y se olvida que también es una profesión y un deporte abierto a la opinión. Este domingo, sin ir más lejos, desde la cuenta de twitter de Black Type se argumentó en un tweet (lo difícil que es eso) una opinión acerca de que el Gran Premio Nacional lo había ganado más Janaceck que Tazones (Caradak). Y que Dom Alvaro (Anodin) era el mejor caballo de la carrera sin el premio del triunfo. Lo que era, y es una opinión, se convirtió en un arma arrojadiza para la crítica al autor del mismo suponiendo un menosprecio (inexistente) al jockey José Luis Borrego, jinete habitual del potro de Cielo de Madrid en sus últimas carreras y que vio como se le escapaba un Gran Premio Nacional por una mínima desventaja. Un centímetro que separa la gloria del fracaso. Deporte.

José Luis Borrego es de una estirpe de jockeys. De apellido turfístico, de aquellos a los que les han salido los dientes en el hipódromo. Respiran turf y saben mejor que nadie lo que se cuece en un hipódromo como el de la Zarzuela. Es su casa. Y es consciente que oportunidades como la del domingo tardan en presentarse. Entre otras cosas porque José Luis no se encuentra entre los cinco jockeys que, actualmente, salen cada domingo en más partants y gozan de más y mejores oportunidades para demostrar su calidad. En España fuera de Borja Fayos, Vaclav Janaceck, Jaime Gelabert, Ricardo Sousa y José Luis Martínez, y algún otro, ser jockey es una profesión muy desagradecida. Más todavía. ¿Por qué? Muy sencillo a estos cinco se les perdonan los errores, que también cometen, y siguen en el programa cada domingo con montas con probabilidades. A jockeys como José Luis Borrego, Paquito Jiménez, Nico de Julián o la propia Nieves García les dan pocos caballos con opciones y los fallos se les castigan con mayor dureza. Si ellos se equivocan tardan en volver a montar. O si no ejecutan órdenes a rajatabla, incluidas aquellas en las que no entra el ganar la carrera, para que al domingo siguiente ese mismo caballo sea montado por uno de esos cinco y ellos vean desde la grada como su labor es aprovechada por el que sí pasa por ganadores y recibe los aplausos, mientras que ellos mascullan un ecart tan elevado como injusto. Es habitual. Ellos insisten y siguen montando porque son JOCKEYS y en ocasiones lo hacen mejor que alguno de esos cinco, porque saben que no pueden cometer errores. Que a ellos no se les perdona y cada opción real de victoria tratan de aprovecharla desde el mismo día del partant. Sea handicap o Gran Premio. Como tampoco tienen montas, carecen de representantes que les hagan el trabajo entre bambalinas. En el turf español Carlos Moyano representa a Borja Fayos y a Victor Manuel Valenzuela, Covarrubias lo hace con Janaceck, Jaime Gelabert y Ricardo Sousa. Esto, al final también es una ventaja, porque pueden manejar opciones y opiniones ante preparadores, propietarios y aficionados. Si uno de esos jockeys tiene una mala monta las consecuencias son menores. No se caen del programa y el preparador está a salvo con los propietarios. “Si se ha equivocado uno de ellos que no hubiera pasado con otro”. Y la rueda sigue girando.  No quiero decir que estos jockeys son peores que los que no montan, es más, al montar un mayor número de veces suelen crecer profesionalmente y tener un mejor grado de forma, lo que sí es evidente es que a mayor número de montas con posibilidades, más ganadores, más moral y mejores resultados en general. También tengo claro que llegar ahí no es fácil y que sí lo han hecho es por sus méritos, pero en nuestro turf no todos reciben las mismas oportunidades ni se les juzga con el mismo rasero.

Hoy por hoy sin Escuela de Aprendices es obvio que es necesario el apoyo a los jockeys españoles y resulta chocante que gente que hable de esa carencia luego se permita el lujo de traer a montar a sus caballos jockeys extranjeros que, en ocasiones, vienen a cumplir el expediente y dejan en la grada a nuestros jinetes que, probablemente, lo harían mejor y defenderían las opciones de los caballos con más garantías. En la actualidad, vemos cada semana a Seguy, un francés que, hoy por hoy, está teniendo muchas más oportunidades que bastantes profesionales españoles. ¿Justo? No se puede contestar. Tampoco hay que olvidar que los propietarios eligen libremente quiénes quieren que les monten sus caballos y obviamente lo lógico es elegir entre uno de los cinco grandes para no equivocarse. Todo el mundo quiere a los mejores para aliarse con ellos. La pregunta es por qué no se le da a todo el mundo la oportunidad de ser el mejor. A José Luis Martínez en Dubai se la dieron. No salió mal.