Reina Madre inicia con éxito el proyecto Centurión

Hay muchos prismas para analizar el proyecto de la Yeguada Centurión. Si hablamos como aficionados, es un lujo que alguien de la trayectoria de Leopoldo Fernández Pujals apueste por las carreras de caballos. No hay que pensar mucho más. Ver en acción en nuestro hipódromo a ejemplares como Reina Madre (Kingman) no es habitual. Y menos que lo haga con un preparador y un jockey de los nuestros. Reina Madre llegó a La Zarzuela en otoño de 2019. Fue uno de los cuatro yearlings que un joven Álvaro Soto recibió a modo de examen en su recién iniciada carrera de preparador. Bautismo de fuego. El más caro de un póker de más de un millón de euros, con orígenes sin nada que envidar a la élite del turf europeo. Yeguas hijas de Frankel, Teofilo, Kingman y Sea the Stars puestas en manos de un preparador novato, pero con muchas ganas de demostrar su capacidad. Lo normal es que en nuestras pistas llegue algún producto de estos sementales pero lo haga ya una vez corrido, con manías o con algún problema físico. Nunca antes habíamos asistido a un debut como el que Reina Madre afrontaba el domingo en el Carlos Sobrino. Debutar en la mejor carrera del año para las dos años y ganarlo era un reto. Pero no podía ser de otra manera. En el deporte se puede perder, pero si manejas lo mejor, lo normal es que venzas casi siempre. En el turf la diferencia está en los orígenes y en los medios. Y este proyecto va sobrado. Hay que disfrutarlo. 

Reina Madre no apareció muy afilada en el paddock. Con hechuras de buena yegua y tranquila. Dicen los que saben (o aparentan) que Kingman es un semental de carácter, pero que su mala leche no se transmite en exceso a sus hijos. El físico de Reina Madre no era espectacular y había otras más afinadas, pero lo que sí era poco común fue la expectación dentro del anillo. Mucha gente quería estar cerca del círculo de Leopoldo Fernández, Álvaro Soto y José Luis Martínez. Había expectación. Tenía que salir bien. Era una presión superior a la de cualquier debut. Lo más parecido a esto lo habíamos presenciado hace un año cuando apareció Djala, una potra de la Yeguada Rocío, que había costado en Tattersalls la friolera de 240.000 euros. Djala, que después de cuatro carreras aún no es ganadora, es un ejemplo de que el dinero no garantiza la felicidad absoluta. Existe el margen de error. Álvaro Soto y la Yeguada Centurión lo saben, pero también son conscientes de lo mucho que se espera de este proyecto. Y no pensar en negativo. Lo hacen a lo grande. Es un acierto.

Reina Madre ya saltó a la pista con aires ganadores. Lo hizo todo sencillo y desde su galope de entrenamiento destilaba sensación de clase. No hubo carrera. Madidina (Manduro) salió decidida a endurecer la carrera. Muy pendiente Sport Dream (Dream Ahead), una yegua con la que Mauricio Delcher pretendía aumentar su historial de conquistas y reconquistas en suelo patrio. Reina Madre estaba al acecho, sin dejar que la de Borja Fayos se fuera ni un cuerpo. La valentía de Madidina le costaba que, en los primeros cien metros de la recta, se esfumara su opción. La de Sport Dream le costaría el segundo puesto en el último hectómetro. ¿Y Reina Madre? Pues ganó sin querer, a las manos y dejando destellos de clase. Pasó entre las dos cuando José Luis Martínez quiso y la yegua vio pista. Se despegó de Sport Dream sin quererlo y con la sensación de que jugaba con el lote. Tras ella, sólo remató Red Light (Morandi), que ajena a la carrera en los primeros metros, pescó un segundo lugar que era lo máximo a lo que competía con Reina Madre en pista.

No sé si volveremos a ver correr a Reina Madre en España. Ya lo dijo Álvaro Soto cuando llegaron los yearlings a su patio. “La idea es que corran en España y si lo hacen bien que se vayan a Francia…”. Me da que Reina Madre debe andar ya por San Sebastián porque mejor no se puede debutar. Lo que también es un hecho es que el proyecto Centurión acaba de comenzar y no está hecho para ganar el Carlos Sobrino. Seguiremos disfrutando.

Si la ilusión de Reina Madre fue máxima, el premio Partipral dejó a las tribunas con sensación gélida. No es que Vale (Vale of York) no valga un premio de estas características. No es el primero, pero el pensionista de M&M estaba abandonado en el pronóstico. La milla, a pesar del terreno, parecía muy lejos de poder negociarse con éxito. Vale adora el blando, pero es limitado de distancia. Sousa, que le conoce perfectamente, midió al máximo y recortó lo mismo. Su curva es para enseñarla en las Escuelas de Aprendices y su pillería en los últimos cien, también. Ambas cosas le hicieron ganador. 

La carrera, que parecía iba a venir marcada por los tres candidatos del patio de Guillermo Arizkorreta, fue algo extraña. Furioso (Lucayan) se encargó de poner un fuerte ritmo, seguido por Salar Island (Sakhee’s Secret) hasta la entrada de la recta. Ahí el tres años despareció de lo importante y Furioso fue fácil presa del remate de Valle, que salió de la curva con aires ganadores. Lo que no contaba Sousa era con el remate de Powefur Sole (Sir Percy). Y mucho menos con el buen hacer de Paquito Jiménez. Una vez más. Con el de Agrado estuvo tranquilo durante el recorrido y tras equilibrarle en los últimos trescientos metros le reactivó con un fustazo con la derecha y luego midió un remate que, sin la pillería de Sousa, de abrir al caballo por dos veces hubiera sido ganador. Sonó la sirena de reclamación, pero no prosperó aunque a Sousa le supuso 250 € de multa. Desistí de entender a los Comisarios. Tal vez me pase lo que a algunos profesionales que ya ni reclaman. Vale fue justo ganador y Powefur Sole un gran derrotado. Furioso, tercero, estuvo sin chispa para definir y por delante de los tres años Salar Island y Untitled (Lope de Vega), de los que a estas alturas de otoño debe esperarse más. Sir Roque (Sir Percy) claudicó ante el terreno blando y no se pareció en nada al caballo que se ganó a pulso su colocación en el Carudel.

Aunque de diferente fuste, el proyecto de Álvaro Odriozola en nuestras carreras también merece el éxito que auguramos al de Leopoldo Fernández. El jugador, ahora en el Real Madrid, ha mamado las carreras desde muy pequeño. “Es como un hijo” se le escapaba a la mujer de Ramón Avial en el micrófono de la simpática Ana Chavarrías. Y Danko (Australia) su primer ganador en Madrid. Marchelo le hizo feliz en Lasarte este verano. Y Danko le agradó el viaje a San Sebastían del pasado domingo. Día que los caballos seguro que le dieron más alegrías que Zidane. Pero a lo nuestro. Danko es de esos caballos que han crecido mucho y bien. Apareció en el paddock, a la mano de su preparador, con un aire espectacular. La pregunta era si el terreno iba a perjudicar su tranco largo. No lo hizo. Ganó como quiso y sin extraños en la curva, como el que le pudo costar acercarse a Domi Go en su debut. En Madrid apareció verde aún pero con mucha potencia y sacando fondo para rematar sobre Nur (Lightning Moon), al que endurecer la carrera no le resultó una buena táctica por su limitación a la distancia, y poniéndose a salvo del remate de Isabela (Hunter’s Light), a la que Martínez dio un recorrido muy bueno para escoltar al ganador. Lejos de este trío apareció la debutante Kendaya (Free Eagle), como la única aparición en el dinero en toda la jornada de Borja Fayos. Raro.

Los dos hándicaps de este domingo se resolvieron de forma similar. En primera parte King Lud (Cape Cross) y Embat (Roderic O’connor), en una carrera en la que dejaron hacer a Jaime Gelabert con el primero en punta, volvieron a formar gemela para la cuadra Toledana. Mientras que en segunda parte, Sir Mauro (Sir Percy) agradeció su presencia con el top de la escala para desclasar al lote, en una carrera dominada de principio a fin por el de la Yeguada AGF y por un Grosjean que supo no complicarse con un favorito, algo que a veces no es tan sencillo.